Post-MASismo

Por Freddy Bobaryn: Politólogo

 

1. Distorsiones contingentes

Un sistema con una distorsión no competitiva limita el pluralismo, el debate y el intercambio de ideas. Porque la diversidad de perspectivas, creatividad y posibles soluciones quedan restringidas a la interpretación de un grupo en extremo reducido, situación que dificulta la comprensión del contexto y la capacidad de abordar los problemas desde diversos ángulos, mientras que un sistema sano promueve la innovación y la mejora continua.

La distorsión de co-exitir en un sistema monopartidista -no competitivo-, hace que el principal opositor político y rival electoral del MAS, sea el propio MAS. Porque este sistema monopartidista, con los años se ha tornado excluyente y con ello cada vez menos representativo. De esta manera, todo lo que pasa en el sistema gravita en torno a un solo partido, donde todos los demás partidos existen solo para legitimar la distorsión del sistema, ya que su participación es meramente nominal. Esta entropía del sistema está a punto de marcar el fin de ciclo de un MAS hegemónico.

Ahora bien, lo medios también han decidido mover ficha y lo hacen controlando la agenda noticiosa que se difunde diariamente. Está claro que el conflicto interno del MAS distorsiona la agenda mediática -pero esta distorsión es promovida por las grandes cadenas noticiosas nacionales- creando una sobreexposición mediática innecesaria que pone foco en el MAS y en sus principales actores. Esta hipermediatización, está generando un desgaste acelerado en la imagen y legitimidad del MAS en 3 niveles: Gobierno; Partido y de sus principales referentes políticos.

 

2. Bifurcación pre-electoral

Podemos evidenciar la bifurcación del centro geopolítico de poder y legitimidad del MAS. Esta bifurcación inaugura una brecha entre el Trópico de Cochabamba y el Altiplano de los Andes, que se verá acentuada en las elecciones del 2025. Está claro que hay una facción Quechua y una facción Aymara, que vendrían a reflejar la división existente entre Evo y el tándem Arce-Choquehuanca, que en este momento están disputándose el control del partido-movimiento.

El país se ha pre-electoralizado y hasta ahora hay un solo partido en carrera electoral. Sus contornos porosos y poco definidos no dejan ver con claridad si hablamos del instrumento hecho partido, o es más bien el partido que se ha subordinado al instrumento. Necesitamos tiempo para dilucidar quién terminará haciéndose con el control del IPSP, posiblemente ninguno; de momento es muy pronto para clarificar hacia donde avanzará el próximo sujeto histórico que reconfigurará el escenario político nacional.

 

3. Tormentas de fin de ciclo

Identificamos indicios de un cambio de época, una metamorfosis sumada a una tendencia hacia la descomposición del sistema político, provocada por la distorsión de tener un sistema de partidos no competitivo, con un monopolio del poder que está a punto de agotar un ciclo histórico.

Esta crisis se caracteriza por: 1) La ruptura de consensos políticos entre las diferentes fuerzas que componen el MAS-IPSP. 2) La crisis de hegemonía respecto al control de la estructura orgánica del partido. 3) Y con ello, un riesgo de ingobernabilidad.

Lo más preocupante no es la crisis en sí misma, porque ésta simplemente refleja el agotamiento de un ciclo y la necesidad de un cambio en la estructura del sistema, algo absolutamente natural. Lo que preocupa es la actual correlación de debilidades entre los principales actores del sistema, en la cual, ninguno muestra tener la fuerza suficiente para imponerse al otro. Esta idea se refiere a una parálisis en la que ninguna fuerza logra prevalecer, lo que podría conducir a una reconfiguración de las estructuras existentes. Hablamos de un equilibrio precario, situación que podría llevar hacia una profundización de la crisis o a un cambio en la estructura del sistema.