Segunda “ola de izquierdas”: principales tendencias

El actual súper ciclo electoral (2019-2024) ha dado - hasta el momento - como resultado un período inédito de coincidencia ideológica regional que consolida una correlación de fuerzas liderada por la izquierda.

Por: Alejandro Vega

Asesor en comunicación política

 

1. Homogeneidad ideológica

El actual súper ciclo electoral (2019-2024) ha dado – hasta el momento – como resultado un período de coincidencia ideológica regional que consolida una correlación de fuerzas liderada por la izquierda.

Mapa 1: Correlación de fuerzas según posicionamiento ideológico

Fuente: elaboración propia

A principios del 2020, el mapa regional mostraba una marcada heterogeneidad política. Sin embargo, los resultados más recientes muestran un claro giro a la izquierda. El mapa regional está liderado por fuerzas de izquierda en México, Panamá, Argentina, Bolivia, Perú, Honduras, Chile, Colombia y Brasil.

Con el triunfo de Lula da Silva en las pasadas elecciones presidenciales en Brasil, la izquierda latinoamericana consigue retomar el control del principal bastión y economía del continente en un contexto en el que también por primera vez en su historia Colombia cuenta con un gobierno progresista.

El retorno de Lula al poder, consolida la nueva ola de gobiernos de izquierda en la región. Lula formó parte de aquella primera “ola”, con la que llegaron al poder líderes como Evo Morales en Bolivia, Michelle Bachelet en Chile, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela.

La vuelta de la izquierda también trajo consigo eventos históricos como la elección de Xiomara Castro en Honduras, convirtiéndose así en la primera mujer que gobierna el país, la de Gustavo Petro, en Colombia, primer mandatario de esta ideología que dirigirá desde Casa Nariño, o la del hijo de campesinos, Pedro Castillo, en Perú.

El del peruano fue el mandato más convulso de esta nueva ola de la izquierda latinoamericana. Las sospechas y acusaciones de corrupción, así como la salida casi constante de miembros de su gabinete, rodearon a un Castillo acorralado por un Congreso hostil que desde el primer momento buscó echarle del cargo.

 

2. Crisis electoral de los oficialismos

Desde abril de 2018, cuando el Partido Colorado retuvo el poder en Paraguay, ningún oficialismo ha podido ganar una elección presidencial, si dejamos de lado los casos de Nicaragua y Venezuela donde no hubo elecciones libres.

Tabla 1: crisis electoral de los oficialismos, 2018 – 2022

 

Año País Resultado
2018 Costa Rica Continuidad
Colombia Alternancia
Paraguay Continuidad
México Alternancia
Brasil Alternancia
2019 Guatemala Alternancia
Panamá Alternancia
El Salvador Alternancia
Argentina Alternancia
Uruguay Alternancia
2020 República Dominicana Alternancia
Bolivia Alternancia
2021 Ecuador Alternancia
Perú Alternancia
Honduras Alternancia
Chile Alternancia
2022 Costa Rica Alternancia
Colombia Alternancia
Brasil Alternancia

Fuente: Elaboración propia

En efecto, no es que Latinoamérica se esté volviendo más de izquierdistas, sino que existe una tendencia latente de rechazo como consecuencia del hartazgo hacía las élites gobernantes.

 

3. El factor segunda vuelta

Buena parte de las campañas están pensadas en dos fases: primera vuelta y segunda vuelta. Tanto si se trata de campañas ganadoras – aquellas que claramente aspiran a conseguir la presidencia – como aquellas que realizan una campaña de notoriedad y no tienen opciones reales de gobierno – pero sí de ser importantes a la hora de posibilitar la gobernabilidad debido a las elecciones concurrentes y de sumar apoyos – o hacer campaña de desmovilización – en segunda vuelta.

 

Tabla 2: Países con ballotage

Fuente: Elaboración propia

 

4. “Presidencialismos de coalición”

Por lo general, cuando las elecciones del Ejecutivo son concurrentes con las del Legislativo, puede que en segunda vuelta se revierta el resultado, y quien queda como presidente tenga una minoría propia en el Congreso o simplemente gane con una mayoría negativa. En estos casos existe un riesgo de mayor fragmentación y polarización, que termina afectando la gobernabilidad y estabilidad democrática ya que se trata de gobierno en minoría: Castillo en Perú y Lasso en Ecuador y Giammattei en Guatemala.

 

Mapa 2: Gobiernos en minoría vs presidencialismos en coalición

Fuente: Elaboración propia

Actualmente, ningún partido en la región logra una mayoría por sí sola en su respectivo congreso – excepto Argentina, Bolivia y El Salvador. El resto de gobiernos (aunque pueden tener mayor número de diputados y senadores que su inmediato perseguidor) se han visto obligados a generar coaliciones de gobierno con espacios minoritarios.

 

5. Alta polarización

Cuestiones como la fragmentación social provocada por el crecimiento de la desigualdad, el debilitamiento exponencial de los partidos políticos tradicionales, el consecuente ascenso de movimientos “populistas” o la degradación de los niveles educativos y la “crisis de las intermediaciones”, pueden ser factores que explican la creciente polarización que se vive en la región. Sin embargo, la polarización ha cobrado una nueva dimensión con las redes sociales, que resultan ser el espacio ideal para su expansión.

La polarización alude al proceso de reafirmación en las propias creencias y de la negación del otro. Se ha evidenciado con el ascenso de líderes disruptivos de la política partidista en Brasil, México, Perú, El Salvador, Argentina y Colombia. Como han determinado diversos estudios la polarización está altamente correlacionada con las identidades políticas, esto contribuye a que los procesos electorales en el siglo XXI sean movilizados por emociones, principalmente el hartazgo e indignación.

 

6. El voto “Anti”

La aglutinación de emociones negativas resulta clave para comprender los resultados de algunas de las elecciones más significativas en los últimos procesos electorales. Es el caso de la victoria de Guillermo Lasso en Ecuador, el voto anti-correista aglutinado en torno a la figura de Lasso fue fundamental en su victoria en segunda vuelta, mientras Andrés Arauz – candidato correista – no supo despegarse discursivamente de su estrecha relación con Correa. Aquí cabe señalar que, el papel del movimiento indigena liderado por Yaku Peréz fue decisivo, ya que no apoyó a Araúz y terminó haciendo campaña por el voto nulo.

De igual manera, en Perú el discurso anti-fujimorista fue funcional a los intereses del ahora ex presidente Pedro Castillo en segunda vuelta. El pueblo terminó haciendo presidente a un profesor que tres meses antes de las elecciones marcaba un 1% en las encuestas. Más recientemente, el voto anti-Bolsonaro resultó clave para movilizar a un electorado que no votó a Lula en primera vuelta.

En escenarios de segunda vuelta, por tanto, generalmente diferentes espacios políticos – a priori opuestos – terminan sumando a candidatos fuertes bajo la premisa “anti”. De tal modo que la razón de su apoyo solo se entiende por el rechazo total hacia la otra opción en competencia en una eventual segunda vuelta.

 

7. Claves para entender el actual mapa regional

Ante las tendencias ya indicadas, los sistemas políticos deberán balancear las urgentes demandas socioeconómicas de empleo y crecimiento con mayor equidad, para lo cual se necesitarán reformas que se contraponen con las dinámicas políticas de creciente polarización, fragmentación e ingobernabilidad.

Este súper ciclo electoral (2021-2024) – de momento – ha determinado un nuevo mapa político electoral y de sus resultados dependerán las posibilidades de lograr consensos y gobernabilidad necesarios para los cambios demandados.

Para comprender el actual mapa geográfico electoral, debemos tener claro que la izquierda en Latinoamérica ha ganado la batalla cultural. Mientras la derecha insistía en centrar sus campañas en el eje económico como campo de lucha clave, en una lógica de guerra fría -economía de mercado vs economía planificada; la izquierda entendió bien que lo político iba mucho más allá de un plan macroeconómico cuidadosamente diseñado, ahora lo político tiene que ver con las identidades, con la cultura, con el sexo, con lo étnico, con la familia, la universidad, los animales y el medio ambiente. La izquierda ha sabido leer muy bien por dónde pasaban los nuevos ejes políticos resignificando palabras y apropiándose hábilmente de los conceptos, definiendo así el campo de lucha por el sentido político. Hoy la izquierda maneja los marcos mentales, mientras la derecha todavía no se ha molestado en entender por dónde pasan los nuevos ejes de discusión política y, por tanto, las nuevas expectativas de un electorado cada vez menos fidelizado y más autónomo en sus decisiones.

En este contexto, el reto de la nueva derecha – liderada por Trump, Bolsonaro, Abascal, Milei, Kast, Lopez Aliaga, Maria Fernanda Cabalserá, sin duda, tener la capacidad de tejer coaliciones amplias, donde libertarios no progresistas, conservadores no inmovilistas y patriotas no estatistas, sean capaces de convivir en un proyecto político transversal, tal como hacen las fuerzas de izquierda. De tal modo que puedan resignificar sus propias banderas: economía, seguridad y autoridad.

Además, desde una mirada puramente estratégica electoral, lo que llamamos izquierda, no es un monobloque en sí mismo – aunque lo parezca – sino todo lo contrario, en ese espacio conviven trotskistas, marxistas, neomarxistas, anarquistas, socialistas, socialdemócratas, indigenistas, ambientalistas, feministas etc. Por tanto, una de las claves para comprender esta nueva “ola de izquierdas”, tiene que ver con su capacidad de aglutinar sensibilidades políticas capaces de movilizar a sectores sociales tradicionalmente oprimidos, bajo una dicotomía de continuidad o cambio. La capacidad para abanderar de la idea del cambio es fundamental, no hay más que analizar las campañas de Boric, Petro y Lula.

Las tendencias analizadas seguirán marcando el actual ciclo electoral y los procesos electorales venideros, entendiendo eso es fundamental analizar la evolución de cada uno de ellos ya que – en buena medida – terminarán marcando las características concretas del proceso electoral de cada país.