¿Un gobierno sin relato?

Por: Freddy Bobaryn y Alejandro Vega 

 

1. Las claves (y errores) del discurso de Arce

El pasado 9 de mayo, Luis Arce realizó una comparecencia pública con motivo de dar un mensaje de mitad de gestión, en el que se focalizó en siete macro-temas: la herencia recibida, los efectos de la guerra de Ucrania, el horizonte de la industrialización, inclusión de la juventud, el papel geopolítico de China en la región, transformación de la justicia y, finalmente, el presidente aprovechó la ocasión para condenar los casos de pederastia por parte de miembros de la iglesia, hechos que han conmocionado a la población boliviana.

El presidente Arce pronunció un discurso en 23 minutos, una duración especialmente larga para estos tiempos de auge de la economía de la atención y de desafección política campante. En una ambientación que ya podríamos llamar “tradicional”, con la bandera de Bolivia a su derecha y la Whiphala a la izquierda, se observaba un arreglo floral al fondo a la derecha. El cambio de enfoque de cámara direccionada a sus perfiles es un recurso muy básico carente de creatividad que no conecta. Se trató, por tanto, de una oportunidad comunicativa perdida desde el punto de vista de lo simbólico. Hoy en día todo comunica y es prioritario innovar el formato, pero de ello hablaremos en otro artículo.

El presidente se presentó con una vestimenta que denota que no tiene una estrategia clara de imagen, dado que en discursos similares ha presentado formas de vestir diferentes. En términos de comunicación eso supone un grave error, ya que es importante definir la percepción de imagen que se quiere trasladar (más presidencial, seguro, sereno, lider, firme etc.) de tal modo que con la ayuda de la repetición de la vestimenta se intente fijar una imagen a la mente del oyente.

En términos de tono del discurso, fiel a su estilo, Arce se mostró como un profesor dando clases de macroeconomía: con muchos datos fríos y un lenguaje técnico, complejo de descifrar para el grueso de la población.

El mensaje principal del discurso no se terminó de entender bien por la abundancia de temas abordados (incluso para quienes hemos visto el mensaje una decena de veces). Se pudo observar falta de simpleza en la línea argumentativa, además de ausencia de autocrítica.

En definitiva, el discurso presentó un estilo técnico-racional, tratando a los oyentes como números, cifras o estadísticas. El ánimo técnico desborda la incidencia que debe existir en toda administración, es altamente probable que un enfoque más humano y cercano hubiera generado mayor impacto. Técnicas ampliamente consolidadas como el storytelling y la personalización fueron descartadas, lo que ha generado la percepción de un mensaje “desconectado” con la realidad.

 

2. ¿Tienen impacto los discursos presidenciales?

Aquí encontraremos muchas interpretaciones, pero lo cierto es que cualquier discurso presidencial puede tener un impacto considerable en lo que Jaime Duran Barba llama “círculo rojo”, es decir, en los medios de comunicación masivos y en segmentos altamente informados, para el grueso de la población el discurso presidencial es un contenido informativo y publicitario más, que se suma a los cientos de miles de impactos que se recibe a lo largo del día por diferentes canales de comunicación.

Como dice George C. Edwards, raramente un discurso presidencial cambia la opinión pública.  Y es más raro aún que consiga movilizar. Este tipo de discursos, en general, tienen una influencia modesta, más allá de los temas en los que los medios se quieran centrar posteriormente.

Ocasionalmente, puede ayudar a un presidente, si presenta una nueva iniciativa, a que ciertos asuntos escalen en la agenda pública. En resumen, la opinión pública es bastante estable, solo un pequeño porcentaje de la población está abierto a cambiar de opinión y postura. Por ello, precisamente, es tan importante tener una estrategia comunicacional para comunicar hitos importantes. Con frecuencia ocurre que los políticos comunican cosas importantes y no importantes en los mismos formatos. Esto se traduce en un impacto nulo debido a que, si no haces un esfuerzo estratégico para que tu mensaje llegue, menor será el interés de la audiencia en escucharte.

 

3. Arce: entre el discurso político y el relato de gestión

Una debilidad de la comunicación de gobierno del Presidente Arce tiene que ver con la inexistencia de una narrativa solida (Personaje, periplo, pruebas, aliados, mito, antagonista etc.) Así como un relato de gestión que comunique los objetivos del gobierno de manera efectiva.

Tal es la crisis de comunicación de gobierno y de falta de rumbo estratégico en el plano comunicacional, que el presidente con un discurso a mitad de mandato pretende instalar su relato de gestión. Aunque se repita varias veces la palabra “industrialización”, no es suficiente.

¿Pero cuál es la diferencia entre discurso y relato político? Existen matices técnicos fundamentales que intentaremos explicar. El primero, puede responder a un hito comunicacional puntual, que contribuye al relato, pero que está anclado en un determinado contexto y responde a la coyuntura, por ejemplo un discurso ante medios de comunicación, un discurso de entrega de obras o de mitad de gestión. El segundo tiene un carácter más estructural, trasversal e integrador que engloba la identidad y el «mito de gobierno» de toda una gestión.

 

  • El discurso

Para que un discurso no sea uno más, sostiene Antoni Canyelles en Manual de instrucciones para un discurso ideal, debe ser esencialmente sencillo, dedicar tiempo a la construcción de mensajes, debe contar con una mínima estructura previa, utilizar un lenguaje adecuado, no tener miedo a innovar para construir un mensaje ilusionante, huir de los tecnicismos, suprimir ideas que no dicen nada y que están relleno. Mientras se redacta se debe pensar en imágenes, en el escenario donde se escucharán esas palabras, si el orador está sentado, si tiene más gente alrededor.

Un buen discurso debe tener plasticidad, es decir, la forma que va a tener una vez pronunciado.  Se debe tener en consideración que un discurso no es un fragmento de novela que permanecerá estático sobre el papel y que se completará en la imaginación del lector. La dificultad del discurso radica en que pasará a escena, pasará a ser oral. La buena (o mala) interpretación que haga el político, así como la escenografía, condicionarán en gran medida el impacto y el resultado final. (Canyelles, 2016)

 

  • El relato de gestión

Por su parte, cuando hablamos de relato de gestión nos referimos a la narrativa de la gestión. Es lo que Gonzalo Sarasqueta, en Los Fantasmas del Palacio, llama la ingeniería del relato político.

Es primordial elaborar y comunicar un relato que sintetice la identidad de la administración, deje en claro su visión y, por supuesto, busque dinamizar energías sociales. Enumerar las distintas políticas públicas que se llevan a cabo – kilómetros de carretera, porcentajes de reducción de la pobreza, pozos encontrados para la explotación, etc.- solo será más ruido en la cabeza del ciudadano.

Por su puesto que se necesitan datos fríos – estadísticas, lógicas, argumentos etc. – para convencer, pero sobre todo se requieren datos caliente – historias de vida, humanización, símbolos, etc. – para implicar a la sociedad con el proyecto.

Si bien es cierto que el gobierno busca instalar los marcos de “Unidos hacia el Bicentenario” o el “Gobierno de la industrialización”, se tratan de dos conceptos mal enfocados desde el punto de vista del relato de gestión. El primero porque no comunica nada y el segundo porque se trata de un mensaje cuyos resultados no serán inmediatos, posiblemente el 2025 se tenga que exponer los resultados de una obra inconclusa. Por poner un ejemplo, el gobierno de Pedro Sánchez – presidente español del PSOE – instaló “El gobierno de la gente”, un mensaje absolutamente alineado con los paquetes de medidas sociales aplicadas en un super año electoral.

Orlando d’Adamo y Virginia Beaudoux (en Sarasqueta 2022) identifican varias funciones que tienen los relatos políticos: aportar certezas en un contexto volátil, movilizar voluntades, cohesionar al tejido social, simplificar la realidad y ordenar la oferta partidaria. Así, todo relato político debe circular en dos direcciones: descendente (desde el gobierno a la sociedad) y ascendente (desde la sociedad al gobierno). Este doble flujo comunicacional le permitirá a la administración tener la iniciativa en la construcción del relato, mito y sentido.

 

4. ¿Quién está detrás del discurso de Arce?

 Quien piense que el presidente Luis Arce se sentó en el despacho presidencial de la Casa Grande del Pueblo a inspirarse para redactar su mensaje a la nación para la mitad de su mandato, está muy equivocado. La agenda de los presidentes no ofrece ese tipo de privilegios. Atrás quedaron aquellos presidentes que escribían sus discursos a puño y letra.

Los profesionales de la noble y desprendida labor de la redacción de discursos se dedican a construir la narrativa que desplegará el gobernante para proyectar un discurso o su gestión de gobierno. Este quehacer de orden estructural (la identidad de la administración) tiene que estar en diálogo con el nivel coyuntural (lo que sucede día a día). Son dos tipos de escritura: la estratégica y la táctica, la planificada y la imprevista, la histórica y la cotidiana. Conjugar esas dos dimensiones temporales en una agenda líquida como la actual, es una tarea ardua. Es importante diferenciar entre speechwriter (escritor de discursos) y un ghostwriter (escritor fantasma) es el anonimato. Mientras que del primero, se sabe que es el escritor de discursos del Presidente, el segundo mantiene su trabajo entre las sombras. Uno deja sus huellas ante la opinión pública, el otro las borra. (Sarasqueta, 2022).

 

5. Las claves de un buen relato político

 Según Gonzalo Sarasqueta (2022) se deben tener presentes algunos criterios fundamentales para generar un buen relato político: relación con los expertos, el proceso creativo, estética y contenido, la trama, la dimensión simbólica, el arco temporal y el Ethos presidencial. Vamos a comentar brevemente cada uno de estos elementos de base.

  • Relación con los expertos:

El speechwriter necesita a los expertos como fuente. Ellos le suministran información para la sustancia discursiva con la que el escritor fraguará la exposición y sentará la postura del presidente sobre una temática determinada. Por ejemplo, en el caso del discurso de Arce, el economista le brindará toda la documentación necesaria – PBI, acuerdos comerciales, proyectos, etc. – al redactor de discursos para que este la simplifique, le proporcione cadencia y, a su vez, la encuadre desde la trama de la gestión. Es fundamental que cada acción comunicacional esté supeditada al relato político.

  • El proceso creativo:

Lo cierto es que la celeridad con la que avanza una gestión no deja espacio para la “inspiración divina”. La rapidez es tan importante como el contenido. La realidad “liquida” obliga, permanentemente, a tener un ojo en lo coyuntural, para generar mensajes clave que puedan tener impacto a través de la síntesis y simplificación, y otro ojo en lo histórico, que permita crear mensajes que construyan y dejen grabado el sentido de época.

  • La estética y el contenido

Hay que buscar el impacto, la cadencia, la memorabilidad, pero también hay que ser rigurosos, argumentativos y aportarle volumen al debate público (Sarasqueta, 2022).

  • La trama

Es la clave de un buen relato político. Es decir, cuál va a ser la línea argumental que va a ensamblar todos los discursos, acciones, simbologías, valores y decisiones. Por tanto, el ADN del gobierno estará supeditado a la nitidez de su trama. Si este principio conceptual es difuso o cambiante, la percepción social sobre la gestión será borrosa. No habrá causalidad ni secuencialidad entre los hechos presentados, lo que dificultará la compresión y, en consecuencia, la participación ciudadana.

Por ello, un gran discurso requiere de un gran problema. Dicha tensión narrativa se alcanza con un adversario. Este puede ser genérico “la pobreza” “la corrupción”, “la desigualdad”, “la oligarquía”, o personalizado “Trump”, “Hugo Chávez” o “Bolsonaro”. Debemos crear un guion dicotómico inédito (Sarasqueta, 2022). En el caso de Arce ¿Cuál sería dicho adversario?, hoy en día resulta complejo identificarlo.

  • Dimensión simbólica:

Tiene que ver con los dispositivos estéticos que condensan la identidad del gobierno. Aquí ingresan colores, escenarios, banderas, eslóganes, vestuarios, rutinas, músicas, gestualidades. Estos recursos funcionan como aspectos heurísticos que representan el significado de la gestión. A través de ellos, se expresa, en un breve espacio temporal, el proyecto político. (Sarasqueta, 2022). En el caso del gobierno, resulta claro que la dimensión simbólica no va mucho más allá de definir una línea gráfica – algo que es muy importante – pero insuficiente. Se trata de definir una línea comunicativa con acciones claves que hacen a la identidad de la administración, y ahí es clave la innovación: pensar fuera de la caja en términos de eventos, entregas de obras, anuncios de medidas, mensajes etc.

  • El arco temporal:

El hilo cronológico que va a engarzar el pasado (de dónde venimos) con el presente (dónde estamos) y el futuro (hacía donde vamos). La coherencia entre las tres dimensiones es la clave para lograr la inserción del relato en la memoria del país. Todo relato político debe correr las tres dimensiones temporales (Sarasqueta, 2022). Vimos que el discurso de Arce – aunque tenía una estructura básica – se inclinó por darle más peso al pasado y la herencia recibida y mucha menos atención al futuro.

  • El ethos presidencial:

Es la manera en que se presenta el principal vocero del relato político: el presidente debe existir una simbiosis entre la trama (dimensión macro) y la biografía del líder (dimensión micro). La línea de gestión tiene que reflejarse en la historia del mandatario. Cuando la gente observe al líder tiene que visualizar el significado estructural de la administración. Son dos significantes (gestión y líder) pero un solo significado. Sin esta función el relato político pierde fuerza, verosimilitud y alcance (Sarasqueta, 2022). Este es un de los elementos más importantes y que menos desarrollado vemos en la comunicación del presidente. Se trata de una comunicación presidencial inclinada a la publicidad y la promoción, descartando la comunicación emocional y de cercanía. Una comunicación donde se pueda mostrar el lado humano de Arce, que obviamente tiene, pero que nadie está viendo.